La Estrella de seis puntas es conocida hoy como la Estrella de David, símbolo del judaísmo moderno.
Pero su historia es mucho más antigua… y más oscura.
Antes de ser un emblema religioso, este símbolo ya existía en culturas paganas del Medio Oriente.
En antiguos cultos cananeos y babilónicos, la estrella hexagonal aparece asociada a rituales de poder, invocación y sacrificio.
Uno de esos cultos fue el de Moloch, una deidad vinculada al fuego y al sacrificio de niños.
Con el paso del tiempo, muchos símbolos paganos no desaparecieron… fueron absorbidos.
La religión no siempre destruyó lo anterior: lo reinterpretó.
Lo que antes representaba un rito oscuro, después fue resignificado como identidad divina y protección espiritual.
La pregunta incómoda no es si un símbolo es “bueno” o “malo”,
sino qué historia se oculta cuando una religión adopta símbolos de poder más antiguos que ella misma.
¿Es fe… o es herencia ritual?
¿Devoción… o control simbólico?
La religión tiene dos caras: la que se enseña y la que se oculta.
La verdad no está en el dogma…
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