Pongámonos conspiranoicos: el chavismo, la soberanía y el precio invisible del poder
Pongámonos conspiranoicos —solo por un momento— y miremos detrás del velo. No para afirmar verdades absolutas, sino para incomodar certezas. Porque la historia, cuando se observa sin consignas, rara vez es lineal.
Durante años, el chavismo sostuvo una narrativa férrea: soberanía irreductible, confrontación abierta con Estados Unidos, expropiaciones como símbolo de independencia y una retórica de resistencia que se volvió identidad. Un país sitiado, un proyecto político acorralado… y una dirigencia que juró no arrodillarse jamás. Esa fue la escena pública.
Pero entonces ocurre algo que, al menos, merece sospecha. En menos de 50 segundos —metafóricamente hablando— Estados Unidos entra en escena y, sin el despliegue de fuerza que el relato anticipaba, el desenlace parece sorprendentemente terso. No hay estampida, no hay captura televisada, no hay final trágico. Maduro y su familia, dicen, salen por la puerta grande. ¿Cómo se explica un final tan pulcro para una historia que prometía caos?
Aquí es donde el pensamiento conspiranoico no afirma: pregunta.
Si la soberanía era absoluta, ¿cuál fue el precio real?
Si la confrontación era total, ¿qué se negoció en la sombra?
Si el discurso era antiimperialista, ¿por qué el cierre parece un acuerdo elegante y no una derrota impuesta?
La historia reciente nos ha enseñado algo incómodo: los imperios rara vez actúan solo con bombas. A veces lo hacen con contratos, salvoconductos, cuentas congeladas que se descongelan, promesas de exilio seguro o silencios estratégicos. El poder moderno no siempre humilla; muchas veces compra salidas.
Y entonces la pregunta se vuelve más profunda, casi incómoda para cualquier ciudadano consciente:
¿Cuál es el precio de la soberanía cuando quien la representa puede negociarla?
No hablamos solo de Venezuela. Hablamos del concepto mismo de Estado, de la idea romántica del líder que “resiste hasta el final”. La historia está llena de discursos heroicos que terminan en pactos discretos. De líderes que incendiaron plazas públicas con palabras y apagaron el fuego en habitaciones privadas.
Tal vez el chavismo nunca fue solo ideología, sino administración del conflicto. Tal vez la expropiación no fue ruptura, sino moneda de cambio futura. Tal vez la tensión constante fue necesaria para mantener cohesión interna mientras, afuera del foco, se construía una salida “digna”.
Insisto: no aseguro nada. Pero tampoco creo en las coincidencias cuando el poder está en juego.
Porque si algo nos enseñan estos episodios es que la soberanía no siempre se pierde con invasiones; a veces se diluye en acuerdos que nunca veremos. Y el verdadero costo no lo paga el líder que se va protegido, sino el pueblo que se queda con las consecuencias.
En esta página solemos mirar detrás del velo no para dictar sentencia, sino para despertar la duda. Y hoy la duda es clara:
si el enfrentamiento era tan absoluto, ¿por qué el final fue tan cómodo?
Tal vez el mayor acto de dominación no fue la entrada de Estados Unidos, sino la aceptación silenciosa de que la soberanía, al final, también puede negociarse.
Pongámonos conspiranoicos.
A veces, la verdad empieza justo ahí. 🤔
Desde mi trinchera aclaro que nunca tuve apoyo a Maduro pero vender el petróleo 🛢️ de un país es justo?
Me encantaría las personas de Venezuela que leen este blog me den su opinión
joadsari@gmail.com
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