La caída de los más grandes
México acaba de vivir otro episodio que podría marcar un antes y un después en la historia contemporánea del narcotráfico: la presunta caída, captura o neutralización del hombre que durante más de una década representó el rostro visible del poder criminal más expansivo del país, Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho.
Su nombre comenzó a sonar con fuerza alrededor de 2010, tras la fragmentación del Cártel del Milenio. Lo que parecía un reacomodo local en Jalisco terminó convirtiéndose en el nacimiento del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una estructura que en pocos años pasó de operar regionalmente a disputar el control nacional frente al histórico Cártel de Sinaloa.
El ascenso documentado
Entre 2011 y 2015, el CJNG fue identificado por autoridades federales y estadounidenses como una de las organizaciones con mayor crecimiento territorial. Su presencia se extendió a estados como Jalisco, Michoacán, Colima, Guanajuato, Veracruz, Zacatecas y Baja California.
En informes de agencias internacionales se le vinculó con tráfico de metanfetaminas, cocaína y, más recientemente, fentanilo hacia Estados Unidos, con rutas detectadas en California, Texas, Illinois y Nueva York.
El grupo mostró algo distinto: propaganda abierta, mensajes directos al Estado, demostraciones de fuerza armada y capacidad logística que sorprendieron incluso a estructuras históricas.
En menos de 15 años, el CJNG dejó de ser un brazo armado para convertirse en una marca criminal global.
Y ahora… se habla de su caída.
Pero hay un elemento que se repite en la historia mexicana:
no se ha visto el cuerpo.
Y aunque no tengo los argumentos para afirmar que está muerto, tampoco existen pruebas públicas contundentes que confirmen lo contrario. En México, muchas veces la narrativa oficial se mueve más rápido que la evidencia verificable.
Los otros gigantes
La historia no comienza ni termina con un solo nombre. Antes hubo otros. Y cada caída reconfiguró el mapa.
Ismael Zambada García – El Mayo
Activo desde los años 70 y 80, fue pieza clave en la consolidación del Cártel de Sinaloa. A diferencia de otros capos, evitó la exposición mediática. Nunca protagonizó fugas espectaculares ni declaraciones públicas.
Durante décadas fue considerado el estratega financiero y logístico detrás de la expansión internacional hacia Centroamérica y Estados Unidos. Su captura reciente cerró un capítulo que parecía eterno. Pero su estructura… ¿desapareció o simplemente cambió de manos?
Joaquín Guzmán Loera – El Chapo
Inició bajo el liderazgo de Félix Gallardo en los años 70. En los 90 ya controlaba rutas clave hacia la frontera norte. Su primera detención fue en 1993. Su fuga en 2001 lo convirtió en mito. Su segunda fuga en 2015 lo elevó a leyenda mundial.
En 2017 fue extraditado a Estados Unidos y condenado a cadena perpetua.
Pero algo llamó la atención: después del juicio mediático más grande del narcotráfico moderno, el ruido desapareció con rapidez.
¿Se cerró el capítulo o se cerró la conversación?
Ignacio Coronel Villarreal – Nacho Coronel
Figura clave del Cártel de Sinaloa en Jalisco. Especialista en producción y tráfico de metanfetaminas. Fue abatido en 2010 por fuerzas armadas.
Su muerte no debilitó al sistema; lo fragmentó. Y de esa fragmentación nació una nueva generación criminal.
Miguel Ángel Félix Gallardo – El Jefe de Jefes
En los años 80 unificó el tráfico bajo el llamado Cártel de Guadalajara. Controlaba rutas, contactos internacionales y protección política.
Fue detenido en 1989 tras el asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena. Desde prisión, durante años se dijo que aún influía en decisiones estratégicas.
Su caída no acabó con el negocio. Lo descentralizó.
El silencio que incomoda
Cada captura importante genera titulares. Cada caída provoca análisis. Pero hay un patrón constante: el silencio posterior.
¿Quién cuida a quién?
¿El gobierno retiene información sensible?
¿Se negocian datos a cambio de protección?
¿Se administra la verdad como estrategia política?
Cuando una figura cae, otra surge. Cuando un nombre desaparece de las noticias, el negocio continúa.
En México, el narcotráfico no es solo crimen organizado. Es economía paralela, estructura social, poder territorial y, en ocasiones, herramienta geopolítica.
Estos cinco nombres han sido los hombres más temidos de su tiempo.
O al menos, la cara visible de organizaciones mucho más complejas.
Tal vez fueron líderes.
Tal vez administradores.
Tal vez símbolos.
Tal vez chivos expiatorios de redes que los superan.
Pero la verdadera pregunta es otra:
¿De dónde vienen realmente?
En el próximo artículo se explorarán relaciones documentadas y publicadas con figuras políticas, conexiones internacionales, pactos implícitos y reacomodos estratégicos que ayudan a comprender cómo se construye una leyenda criminal en México.
Porque lo que acabamos de vivir no es un simple operativo.
Es un momento histórico.
Cuando los capos de capos cambian de turno, el tablero no desaparece… solo se reacomoda.
Y ahora que una generación parece cerrarse, la pregunta es inevitable:
¿Quién toma el siguiente lugar… y quién lo permite?
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