EZLN: cuando la selva cambió la revolución
Tras los acontecimientos del 1 de enero de 1994 en Chiapas, el debate sobre el origen del Ejército Zapatista de Liberación Nacional continúa dividiendo opiniones. En los artículos anteriores analizamos las teorías geopolíticas sobre la frontera sur, el contexto internacional tras la caída de la Unión Soviética y las sospechas de vigilancia extranjera en una región clave para los intereses de United States.
Durante décadas, sectores políticos y analistas independientes sostuvieron la hipótesis de que grupos insurgentes en América Latina fueron observados, infiltrados o incluso utilizados estratégicamente por organismos de inteligencia internacionales. El nombre de la Central Intelligence Agency apareció constantemente dentro de esas teorías debido a antecedentes históricos en Guatemala, Nicaragua y otros países de la región.
Sin embargo, más allá de las hipótesis, existe un punto que incluso muchos críticos del zapatismo terminaron reconociendo: una vez dentro de la selva Lacandona, el movimiento dejó de pertenecer a cualquier interés externo y comenzó a responder a las necesidades de las comunidades indígenas que lo respaldaron.
El origen del EZLN sí tuvo influencia de movimientos revolucionarios marxistas mexicanos. Parte de sus primeros cuadros provenían de las Fuerzas de Liberación Nacional, organización fundada en 1969 e inspirada en movimientos guerrilleros latinoamericanos de la época. Entre sus integrantes destacó Subcomandante Marcos, posteriormente identificado como Rafael Sebastián Guillén Vicente.
Pero la realidad de Chiapas transformó la idea original.
Lo que inició como un proyecto revolucionario clásico inspirado en el marxismo terminó mezclándose con la visión comunitaria indígena de pueblos tzeltales, tzotziles, tojolabales y choles. La prioridad dejó de ser la toma absoluta del poder nacional y pasó a enfocarse en autonomía, defensa territorial, derechos indígenas y organización comunitaria.
Quizá la revolución no salió de la selva porque la selva terminó transformando a los revolucionarios.
Esa transformación explica por qué el EZLN nunca avanzó como otras guerrillas latinoamericanas del siglo XX. Mientras otros movimientos buscaban controlar el Estado, el zapatismo construyó una identidad distinta basada en resistencia local y autogobierno comunitario.
Tras el cese al fuego ordenado durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari y los posteriores diálogos durante la administración de Ernesto Zedillo, el movimiento pasó de ser visto únicamente como una guerrilla a convertirse en un fenómeno político y social observado internacionalmente.
Treinta años después, las teorías continúan. Algunos sostienen que el conflicto fue utilizado geopolíticamente; otros defienden que representó el despertar legítimo del sur olvidado de México. Pero incluso entre militares, académicos y críticos del movimiento existe una idea que permanece con el paso del tiempo: la tierra termina perteneciendo a quien la trabaja, la defiende y permanece en ella pese a todo.
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