CAPÍTULO 1: LA PLAZA INCÓMODA
Cuando Protestar se Volvió un Problema de Estado
1968.
El mundo entero parecía estar en llamas.
En París, los estudiantes desafiaban al gobierno. En Estados Unidos, las protestas contra la guerra de Vietnam llenaban las calles. En Alemania, Italia y otras naciones, una nueva generación exigía cambios.
México no iba a quedarse atrás.
Las protestas comenzaron a surgir entre estudiantes de instituciones como la UNAM, el IPN, la Universidad Iberoamericana, la Escuela Nacional de Maestros, Chapingo y otras escuelas que poco a poco fueron encontrando una causa común.
Todo comenzó con conflictos estudiantiles que parecían menores. Enfrentamientos entre grupos de distintas escuelas, especialmente entre estudiantes vinculados a preparatorias de la UNAM y del Politécnico, terminaron atrayendo la intervención policial. Pero muchos jóvenes comenzaron a preguntarse si la respuesta del gobierno era proporcional.
La policía actuaba con dureza.
Las detenciones se multiplicaban. Los golpes eran frecuentes. Hombres y mujeres eran arrestados durante los operativos. Para las autoridades, el objetivo era restaurar el orden. Para muchos estudiantes, aquello era una demostración de abuso de poder.
Mientras tanto, el reloj avanzaba.
México se preparaba para recibir los Juegos Olímpicos de 1968. El gobierno quería mostrar al mundo una nación moderna, estable y en crecimiento.
Y, en muchos sentidos, lo era.
La economía mexicana vivía uno de sus mejores momentos. La deuda externa se mantenía relativamente controlada. Se construían carreteras, presas, escuelas y obras de infraestructura que impresionaban a visitantes nacionales y extranjeros. El llamado "milagro mexicano" parecía convertir al país en una potencia emergente.
Sin embargo, detrás de esa imagen existía una pregunta incómoda:
¿Qué buscaban realmente los estudiantes?
¿Más libertades políticas?
¿El fin de los abusos policiales?
¿Mejores condiciones educativas?
¿Mayor participación democrática?
¿O algo mucho más profundo?
En medio de esta historia aparece una figura imposible de ignorar: Gustavo Díaz Ordaz.
Uno de los mejores presidentes que has tenido el país El milagro del súper peso era su obra
Un presidente decidido a preservar el orden, convencido de que cualquier señal de inestabilidad podía poner en riesgo el futuro del país y la imagen internacional de México.
Pero Díaz Ordaz no estaba solo.
A su lado operaba un personaje cuya influencia sería fundamental en los acontecimientos que estaban por venir.
Un hombre que décadas después en el 2002 volvería a ocupar los titulares cuando documentos desclasificados revelaron información que alimentó nuevas preguntas sobre su papel en aquellos años. Luis Echeverría agente de la CIA
Su nombre aparecerá en el próximo capítulo.
Porque para entender el 2 de octubre primero debemos responder una pregunta:
¿Quién veía a los estudiantes como una amenaza?
¿Quien los utilizo las protestas a su favor?
¿De que manera tenían que parar el milagro Mexicano?
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